Trova de San Antón 2014

Diálogo entre dos viejos colegas

(La voz  va subiendo de tono según avanza la Trova)

 

Estamos en cualquier sitio

en cualquier lugar del mapa,

esquina de cualquier calle

cualquier día de la semana.

 

A  un lado un cine de barrio,

enfrente  está la farmacia.

Y un chiringuito  de churros

humo  y  olores derrama.

 

También hay ayuntamiento

con banderas desplegadas.

No se oyen coches ni motos

por lo que todo está en calma.

 

Una cagada de perro

en el centro de la plaza.

Dialogan los dos viejos,

con sus caras afeitadas.

Uno es alto y corpulento,

el otro planta esmirriada

con un perfil muy de pájaro

y brillándole la calva.

 

El alto porta buen porte

que le da un aire elegante

de caballero sin tacha.

 

Comienza primero el alto

con voz tranquila y pausada,

sentados están los dos,

en banco de piedra blanca.

 

– Te voy a contar mi vida

pues  me ha prescrito el doctor

que  la escriba y que la cuente

para sentirme mejor,

pues dice que si la guardas

se te pudre y es peor.

 

Es la terapia moderna,

pues al narrar tu dolor

parte de tu sufrimiento

pasa al interlocutor

y, al hacerlo así, compartes

y ya la pena es menor.

 

-¡Coño, pues tú te descargas

y jodes al oidor!.

 

-No hombre, no es así la cosa

pues el que escucha mejor

te alienta y te consuela

con su amable comprensión.

El  también goza ayudando

a compartir tu aflicción.

 

– ¡Ah!, pues vista así la cosa

me parece superior.

Sigue, sigue, compañero,

te escucho con atención.

 

-Yo no necesito nada.

Todos los días iguales.

Bendita monotonía

de la lluvia en los cristales.

 

– ¿Eso es de Lorca o Machado?

 

-Tú sí que estas, compañero

todo desequilibrado.

No se puede confundir

al bate de los gitanos

con el poeta profundo

de los campos castellanos.

 

¿Has leído muchos libros?

 

– He leído algo, muchacho,

no tantos como  tu lees

pues tu me ganas pensando.

Pero, en fin, eso no importa

sigue, sígueme contando.

 

– Pues sigo, con tu permiso,

¡Y no me interrumpas tanto!

 

Querido amigo, colega,

prosigo con mis andanzas.

Todos los días diarios

de pastillas tomo a palas.

 

Las tengo de mil colores.

Amarillas, coloradas,

verdes, con una rayita

que partirlas fácil haga.

 

Tengo alguna efervescente

de esas que mojan la cara.

También tengo otros potingues,

algunos para hacer gárgaras,

de esos que te recomiendan

que de ellos no tragues nada.

Pero eso indica el prospecto

aunque tragarlos…los tragas.

 

Luego te escuece la glotis

de manera exagerada

y vas corriendo hacía el grifo

pues tienes que beber agua.

 

¿Y de las gotas, qué digo?

E n los ojos” pa” las lágrimas.

En los oídos” pa”la cera

que los audífonos tapa.

 

Tengo pomadas divinas

para curar almorranas.

Pero ¡Oye!, que es milagroso

pues después ya no te rascas.

 

Tengo también un espray

para mejorar el asma,

pero a veces da unas toses

tan tremebundas y largas

que tu temes ahogarte

pues se cierra la garganta.

 

Pero el doctor Otorrino

y de una forma muy rápida

te manda tomar jarabe,

ya no sé ni de qué marca,

para evitar que el cogote

por dentro te reventara.

 

¡Dejo la botica al margen,

no quiero hacer propaganda!

Por la mañana, a las nueve,

a esa hora me levanto.

Pero la gragea verde

me la he tomado a las cuatro.

 

Pones el despertador

que casi no te hace falta

pues dormir, dormir no puedes

a esa hora solitaria,

pero cuando si te duermes

es hacia la madrugada.

 

Hay que seguir con rigor

lo que el galeno ha mandado

así podrás ser feliz

y cumplir doscientos años.

 

-Pues te interrumpo, colega,

yo de medicinas ando

escaso, pues ya no tomo

ni aspirinas, ni tabaco,

porque ya no fumo nada

desde aquel ictus malvado,

que me dejó todo chungo

una parte de este lado.

 

Solo hago un poco ejercicio,

pero todo controlado.

Aparte de este desliz

yo  me encuentro fuerte y sano.

 

Lo que tienes que hacer tú

es dejar al matasanos.

Mira, yo copio a Velázquez,

las Meninas, los Borrachos,

me sale todo igualito…

menos las caras y manos,

y eso con el brazo chungo

que casi ya está curado.

 

Y me he copiado el Quijote

todo enterito, calcado,

con un bolígrafo azul

en un cuaderno morado.

 

-No me seas fantasmón.

Dices copiar a Velázquez

y solo has ido tres días

al Centro donde das clase.

Y copias una estampita

con acuarelas de infante.

 

¡Venga ya! y no me provoques

con  consejos miserables.

Por cierto ¿Qué hora es?

en este preciso instante.

 

-Las doce y cinco minutos.

-¿De la mañana o la tarde?

-¡De la mañana, por Dios!

¿No ves el sol relumbrante?

 

-Es que me toca una píldora

pues lo apunto en almanaque,

se toma antes de comer

para asimilarla antes.

 

-¿No te la tomaste anoche,

un poco antes de acostarte?

Yo lo recuerdo muy bien,

me dijiste que cenaste

tarde porque fuiste al médico

y en casa te la tragaste.

 

-Es que, claro, aquí apuntado

tengo las doce, ¡mi madre!

pero es que hay doce dos veces

en el día ¿y cual me vale?.

 

-¡Tú sabrás! Mira la caja

a ver alguna que falte.

– Este caso no me sirve

pues otro día al tomarme

la leche de la pastilla

en la uña fue a engancharse,

tan pequeña  la jodía,

no la encontró ni su madre.

 

Mira vamos a dejar

que la gragea rodase,

¡Ya la encontrará la Santa!

que todos los días barre.

 

No es que me tiemble la mano,

no es eso, caro compadre,

es que por las cataratas

veo como si nevase

y al mirar a la pastilla

no la distingo al instante,

porque la veo borrosa

como algo que flotase.

Es un copito de nieve

balanceándose  en el aire.

 

-Ponte las gafas de ver,

que  pa eso las compraste.

 

-Es que, justo el otro día,

al ir a cruzar la calle

a la Santa le robaron

el monedero y las llaves,

que iban dentro con las gafas,

esas gafas que tu sabes.

 

-¡Es que, hijo, pones un circo

y los enanos son gigantes!

Tú, lo que tienes que hacer

es los ojos operarte,

y ya no verás la nieve

que te impide clarearte.

Así vives en tinieblas

y siempre a oscuras, compadre.

 

-Es que te cuento también

que mi problema es más grave.

El Urólogo me ha dicho

que la próstata no cabe

en su cubículo propio

pues su tamaño es más grande.

 

Mira tú como será

qué cuando orino en los bares

tardo tanto en salir fuera,

sospechoso  de drogarme,

el camarero del bar

entra  al servicio a buscarme.

 

Además tengo una hernia,

¿Por dónde empiezo a operarme?

 

-¡Chico! tu eres como el “pupas”….

¡No debes amilanarte!

Tienes que tomarlo a broma,

y reaccionar con coraje

que si no te da la “depre”

y te deja pal arrastre.

 

¡Tú eres fuerte, como un roble!

¡Has llevado vida sana!

No te tienes que quejar

¡Alegra, alegra esa cara!

 

-¡Coño! ¿Qué me quejo yo?

¡Si no me quejo de nada!

¿Qué estas inventando ahora….

que se te nota en la cara?

No te rías, no te rías

que siempre me estas buscándolas.

 

Te estoy contando mi vida

con  del doctor la terapia.

Pero tú así no compartes

mis penas, y mis palabras

te causan risitas tontas

que reflejas en la cara.

 

Tengo mil enfermedades….

y me han robado las gafas.

Y vienes con qué me quejo

como una niña mimada…

 

¡Que vayas a hacer puñetas

¿Te enteras, tío cascarrabias?

¡Este  melenas de mierda!

que quiere arreglar mi casa…

cuando la suya podrida

rezuma ponzoña y sarna.

 

¿Sabes que te digo, tío?

¡Que se acabó la terapia!

No me hace falta a mí  nadie

Porque me cuida mi Santa.

( Burlón)

¿Qué pintas todo igualito

menos  las manos y caras?

¿Qué te has copiado El Quijote

en el culo de una rana?…..

( Gritando)

¡¡¡ Pellizo , señoritingo!!!

¡¡¡ Vete a tomar ….. espinacas!!!

 

 

Leocadio Melchor Rodríguez

Diálogo entre dos viejos colegas

(La voz  va subiendo de tono según avanza la Trova)

 

Estamos en cualquier sitio

en cualquier lugar del mapa,

esquina de cualquier calle

cualquier día de la semana.

 

A  un lado un cine de barrio,

enfrente  está la farmacia.

Y un chiringuito  de churros

humo  y  olores derrama.

 

También hay ayuntamiento

con banderas desplegadas.

No se oyen coches ni motos

por lo que todo está en calma.

 

Una cagada de perro

en el centro de la plaza.

Dialogan los dos viejos,

con sus caras afeitadas.

Uno es alto y corpulento,

el otro planta esmirriada

con un perfil muy de pájaro

y brillándole la calva.

 

El alto porta buen porte

que le da un aire elegante

de caballero sin tacha.

 

Comienza primero el alto

con voz tranquila y pausada,

sentados están los dos,

en banco de piedra blanca.

 

– Te voy a contar mi vida

pues  me ha prescrito el doctor

que  la escriba y que la cuente

para sentirme mejor,

pues dice que si la guardas

se te pudre y es peor.

 

Es la terapia moderna,

pues al narrar tu dolor

parte de tu sufrimiento

pasa al interlocutor

y, al hacerlo así, compartes

y ya la pena es menor.

 

-¡Coño, pues tú te descargas

y jodes al oidor!.

 

-No hombre, no es así la cosa

pues el que escucha mejor

te alienta y te consuela

con su amable comprensión.

El  también goza ayudando

a compartir tu aflicción.

 

– ¡Ah!, pues vista así la cosa

me parece superior.

Sigue, sigue, compañero,

te escucho con atención.

 

-Yo no necesito nada.

Todos los días iguales.

Bendita monotonía

de la lluvia en los cristales.

 

– ¿Eso es de Lorca o Machado?

 

-Tú sí que estas, compañero

todo desequilibrado.

No se puede confundir

al bate de los gitanos

con el poeta profundo

de los campos castellanos.

 

¿Has leído muchos libros?

 

– He leído algo, muchacho,

no tantos como  tu lees

pues tu me ganas pensando.

Pero, en fin, eso no importa

sigue, sígueme contando.

 

– Pues sigo, con tu permiso,

¡Y no me interrumpas tanto!

 

Querido amigo, colega,

prosigo con mis andanzas.

Todos los días diarios

de pastillas tomo a palas.

 

Las tengo de mil colores.

Amarillas, coloradas,

verdes, con una rayita

que partirlas fácil haga.

 

Tengo alguna efervescente

de esas que mojan la cara.

También tengo otros potingues,

algunos para hacer gárgaras,

de esos que te recomiendan

que de ellos no tragues nada.

Pero eso indica el prospecto

aunque tragarlos…los tragas.

 

Luego te escuece la glotis

de manera exagerada

y vas corriendo hacía el grifo

pues tienes que beber agua.

 

¿Y de las gotas, qué digo?

E n los ojos” pa” las lágrimas.

En los oídos” pa”la cera

que los audífonos tapa.

 

Tengo pomadas divinas

para curar almorranas.

Pero ¡Oye!, que es milagroso

pues después ya no te rascas.

 

Tengo también un espray

para mejorar el asma,

pero a veces da unas toses

tan tremebundas y largas

que tu temes ahogarte

pues se cierra la garganta.

 

Pero el doctor Otorrino

y de una forma muy rápida

te manda tomar jarabe,

ya no sé ni de qué marca,

para evitar que el cogote

por dentro te reventara.

 

¡Dejo la botica al margen,

no quiero hacer propaganda!

Por la mañana, a las nueve,

a esa hora me levanto.

Pero la gragea verde

me la he tomado a las cuatro.

 

Pones el despertador

que casi no te hace falta

pues dormir, dormir no puedes

a esa hora solitaria,

pero cuando si te duermes

es hacia la madrugada.

 

Hay que seguir con rigor

lo que el galeno ha mandado

así podrás ser feliz

y cumplir doscientos años.

 

-Pues te interrumpo, colega,

yo de medicinas ando

escaso, pues ya no tomo

ni aspirinas, ni tabaco,

porque ya no fumo nada

desde aquel ictus malvado,

que me dejó todo chungo

una parte de este lado.

 

Solo hago un poco ejercicio,

pero todo controlado.

Aparte de este desliz

yo  me encuentro fuerte y sano.

 

Lo que tienes que hacer tú

es dejar al matasanos.

Mira, yo copio a Velázquez,

las Meninas, los Borrachos,

me sale todo igualito…

menos las caras y manos,

y eso con el brazo chungo

que casi ya está curado.

 

Y me he copiado el Quijote

todo enterito, calcado,

con un bolígrafo azul

en un cuaderno morado.

 

-No me seas fantasmón.

Dices copiar a Velázquez

y solo has ido tres días

al Centro donde das clase.

Y copias una estampita

con acuarelas de infante.

 

¡Venga ya! y no me provoques

con  consejos miserables.

Por cierto ¿Qué hora es?

en este preciso instante.

 

-Las doce y cinco minutos.

-¿De la mañana o la tarde?

-¡De la mañana, por Dios!

¿No ves el sol relumbrante?

 

-Es que me toca una píldora

pues lo apunto en almanaque,

se toma antes de comer

para asimilarla antes.

 

-¿No te la tomaste anoche,

un poco antes de acostarte?

Yo lo recuerdo muy bien,

me dijiste que cenaste

tarde porque fuiste al médico

y en casa te la tragaste.

 

-Es que, claro, aquí apuntado

tengo las doce, ¡mi madre!

pero es que hay doce dos veces

en el día ¿y cual me vale?.

 

-¡Tú sabrás! Mira la caja

a ver alguna que falte.

– Este caso no me sirve

pues otro día al tomarme

la leche de la pastilla

en la uña fue a engancharse,

tan pequeña  la jodía,

no la encontró ni su madre.

 

Mira vamos a dejar

que la gragea rodase,

¡Ya la encontrará la Santa!

que todos los días barre.

 

No es que me tiemble la mano,

no es eso, caro compadre,

es que por las cataratas

veo como si nevase

y al mirar a la pastilla

no la distingo al instante,

porque la veo borrosa

como algo que flotase.

Es un copito de nieve

balanceándose  en el aire.

 

-Ponte las gafas de ver,

que  pa eso las compraste.

 

-Es que, justo el otro día,

al ir a cruzar la calle

a la Santa le robaron

el monedero y las llaves,

que iban dentro con las gafas,

esas gafas que tu sabes.

 

-¡Es que, hijo, pones un circo

y los enanos son gigantes!

Tú, lo que tienes que hacer

es los ojos operarte,

y ya no verás la nieve

que te impide clarearte.

Así vives en tinieblas

y siempre a oscuras, compadre.

 

-Es que te cuento también

que mi problema es más grave.

El Urólogo me ha dicho

que la próstata no cabe

en su cubículo propio

pues su tamaño es más grande.

 

Mira tú como será

qué cuando orino en los bares

tardo tanto en salir fuera,

sospechoso  de drogarme,

el camarero del bar

entra  al servicio a buscarme.

 

Además tengo una hernia,

¿Por dónde empiezo a operarme?

 

-¡Chico! tu eres como el “pupas”….

¡No debes amilanarte!

Tienes que tomarlo a broma,

y reaccionar con coraje

que si no te da la “depre”

y te deja pal arrastre.

 

¡Tú eres fuerte, como un roble!

¡Has llevado vida sana!

No te tienes que quejar

¡Alegra, alegra esa cara!

 

-¡Coño! ¿Qué me quejo yo?

¡Si no me quejo de nada!

¿Qué estas inventando ahora….

que se te nota en la cara?

No te rías, no te rías

que siempre me estas buscándolas.

 

Te estoy contando mi vida

con  del doctor la terapia.

Pero tú así no compartes

mis penas, y mis palabras

te causan risitas tontas

que reflejas en la cara.

 

Tengo mil enfermedades….

y me han robado las gafas.

Y vienes con qué me quejo

como una niña mimada…

 

¡Que vayas a hacer puñetas

¿Te enteras, tío cascarrabias?

¡Este  melenas de mierda!

que quiere arreglar mi casa…

cuando la suya podrida

rezuma ponzoña y sarna.

 

¿Sabes que te digo, tío?

¡Que se acabó la terapia!

No me hace falta a mí  nadie

Porque me cuida mi Santa.

( Burlón)

¿Qué pintas todo igualito

menos  las manos y caras?

¿Qué te has copiado El Quijote

en el culo de una rana?…..

( Gritando)

¡¡¡ Pellizo , señoritingo!!!

¡¡¡ Vete a tomar ….. espinacas!!!

 

 

Leocadio Melchor Rodríguez

Diálogo entre dos viejos colegas

(La voz  va subiendo de tono según avanza la Trova)

 

Estamos en cualquier sitio

en cualquier lugar del mapa,

esquina de cualquier calle

cualquier día de la semana.

 

A  un lado un cine de barrio,

enfrente  está la farmacia.

Y un chiringuito  de churros

humo  y  olores derrama.

 

También hay ayuntamiento

con banderas desplegadas.

No se oyen coches ni motos

por lo que todo está en calma.

 

Una cagada de perro

en el centro de la plaza.

Dialogan los dos viejos,

con sus caras afeitadas.

Uno es alto y corpulento,

el otro planta esmirriada

con un perfil muy de pájaro

y brillándole la calva.

 

El alto porta buen porte

que le da un aire elegante

de caballero sin tacha.

 

Comienza primero el alto

con voz tranquila y pausada,

sentados están los dos,

en banco de piedra blanca.

 

– Te voy a contar mi vida

pues  me ha prescrito el doctor

que  la escriba y que la cuente

para sentirme mejor,

pues dice que si la guardas

se te pudre y es peor.

 

Es la terapia moderna,

pues al narrar tu dolor

parte de tu sufrimiento

pasa al interlocutor

y, al hacerlo así, compartes

y ya la pena es menor.

 

-¡Coño, pues tú te descargas

y jodes al oidor!.

 

-No hombre, no es así la cosa

pues el que escucha mejor

te alienta y te consuela

con su amable comprensión.

El  también goza ayudando

a compartir tu aflicción.

 

– ¡Ah!, pues vista así la cosa

me parece superior.

Sigue, sigue, compañero,

te escucho con atención.

 

-Yo no necesito nada.

Todos los días iguales.

Bendita monotonía

de la lluvia en los cristales.

 

– ¿Eso es de Lorca o Machado?

 

-Tú sí que estas, compañero

todo desequilibrado.

No se puede confundir

al bate de los gitanos

con el poeta profundo

de los campos castellanos.

 

¿Has leído muchos libros?

 

– He leído algo, muchacho,

no tantos como  tu lees

pues tu me ganas pensando.

Pero, en fin, eso no importa

sigue, sígueme contando.

 

– Pues sigo, con tu permiso,

¡Y no me interrumpas tanto!

 

Querido amigo, colega,

prosigo con mis andanzas.

Todos los días diarios

de pastillas tomo a palas.

 

Las tengo de mil colores.

Amarillas, coloradas,

verdes, con una rayita

que partirlas fácil haga.

 

Tengo alguna efervescente

de esas que mojan la cara.

También tengo otros potingues,

algunos para hacer gárgaras,

de esos que te recomiendan

que de ellos no tragues nada.

Pero eso indica el prospecto

aunque tragarlos…los tragas.

 

Luego te escuece la glotis

de manera exagerada

y vas corriendo hacía el grifo

pues tienes que beber agua.

 

¿Y de las gotas, qué digo?

E n los ojos” pa” las lágrimas.

En los oídos” pa”la cera

que los audífonos tapa.

 

Tengo pomadas divinas

para curar almorranas.

Pero ¡Oye!, que es milagroso

pues después ya no te rascas.

 

Tengo también un espray

para mejorar el asma,

pero a veces da unas toses

tan tremebundas y largas

que tu temes ahogarte

pues se cierra la garganta.

 

Pero el doctor Otorrino

y de una forma muy rápida

te manda tomar jarabe,

ya no sé ni de qué marca,

para evitar que el cogote

por dentro te reventara.

 

¡Dejo la botica al margen,

no quiero hacer propaganda!

Por la mañana, a las nueve,

a esa hora me levanto.

Pero la gragea verde

me la he tomado a las cuatro.

 

Pones el despertador

que casi no te hace falta

pues dormir, dormir no puedes

a esa hora solitaria,

pero cuando si te duermes

es hacia la madrugada.

 

Hay que seguir con rigor

lo que el galeno ha mandado

así podrás ser feliz

y cumplir doscientos años.

 

-Pues te interrumpo, colega,

yo de medicinas ando

escaso, pues ya no tomo

ni aspirinas, ni tabaco,

porque ya no fumo nada

desde aquel ictus malvado,

que me dejó todo chungo

una parte de este lado.

 

Solo hago un poco ejercicio,

pero todo controlado.

Aparte de este desliz

yo  me encuentro fuerte y sano.

 

Lo que tienes que hacer tú

es dejar al matasanos.

Mira, yo copio a Velázquez,

las Meninas, los Borrachos,

me sale todo igualito…

menos las caras y manos,

y eso con el brazo chungo

que casi ya está curado.

 

Y me he copiado el Quijote

todo enterito, calcado,

con un bolígrafo azul

en un cuaderno morado.

 

-No me seas fantasmón.

Dices copiar a Velázquez

y solo has ido tres días

al Centro donde das clase.

Y copias una estampita

con acuarelas de infante.

 

¡Venga ya! y no me provoques

con  consejos miserables.

Por cierto ¿Qué hora es?

en este preciso instante.

 

-Las doce y cinco minutos.

-¿De la mañana o la tarde?

-¡De la mañana, por Dios!

¿No ves el sol relumbrante?

 

-Es que me toca una píldora

pues lo apunto en almanaque,

se toma antes de comer

para asimilarla antes.

 

-¿No te la tomaste anoche,

un poco antes de acostarte?

Yo lo recuerdo muy bien,

me dijiste que cenaste

tarde porque fuiste al médico

y en casa te la tragaste.

 

-Es que, claro, aquí apuntado

tengo las doce, ¡mi madre!

pero es que hay doce dos veces

en el día ¿y cual me vale?.

 

-¡Tú sabrás! Mira la caja

a ver alguna que falte.

– Este caso no me sirve

pues otro día al tomarme

la leche de la pastilla

en la uña fue a engancharse,

tan pequeña  la jodía,

no la encontró ni su madre.

 

Mira vamos a dejar

que la gragea rodase,

¡Ya la encontrará la Santa!

que todos los días barre.

 

No es que me tiemble la mano,

no es eso, caro compadre,

es que por las cataratas

veo como si nevase

y al mirar a la pastilla

no la distingo al instante,

porque la veo borrosa

como algo que flotase.

Es un copito de nieve

balanceándose  en el aire.

 

-Ponte las gafas de ver,

que  pa eso las compraste.

 

-Es que, justo el otro día,

al ir a cruzar la calle

a la Santa le robaron

el monedero y las llaves,

que iban dentro con las gafas,

esas gafas que tu sabes.

 

-¡Es que, hijo, pones un circo

y los enanos son gigantes!

Tú, lo que tienes que hacer

es los ojos operarte,

y ya no verás la nieve

que te impide clarearte.

Así vives en tinieblas

y siempre a oscuras, compadre.

 

-Es que te cuento también

que mi problema es más grave.

El Urólogo me ha dicho

que la próstata no cabe

en su cubículo propio

pues su tamaño es más grande.

 

Mira tú como será

qué cuando orino en los bares

tardo tanto en salir fuera,

sospechoso  de drogarme,

el camarero del bar

entra  al servicio a buscarme.

 

Además tengo una hernia,

¿Por dónde empiezo a operarme?

 

-¡Chico! tu eres como el “pupas”….

¡No debes amilanarte!

Tienes que tomarlo a broma,

y reaccionar con coraje

que si no te da la “depre”

y te deja pal arrastre.

 

¡Tú eres fuerte, como un roble!

¡Has llevado vida sana!

No te tienes que quejar

¡Alegra, alegra esa cara!

 

-¡Coño! ¿Qué me quejo yo?

¡Si no me quejo de nada!

¿Qué estas inventando ahora….

que se te nota en la cara?

No te rías, no te rías

que siempre me estas buscándolas.

 

Te estoy contando mi vida

con  del doctor la terapia.

Pero tú así no compartes

mis penas, y mis palabras

te causan risitas tontas

que reflejas en la cara.

 

Tengo mil enfermedades….

y me han robado las gafas.

Y vienes con qué me quejo

como una niña mimada…

 

¡Que vayas a hacer puñetas

¿Te enteras, tío cascarrabias?

¡Este  melenas de mierda!

que quiere arreglar mi casa…

cuando la suya podrida

rezuma ponzoña y sarna.

 

¿Sabes que te digo, tío?

¡Que se acabó la terapia!

No me hace falta a mí  nadie

Porque me cuida mi Santa.

( Burlón)

¿Qué pintas todo igualito

menos  las manos y caras?

¿Qué te has copiado El Quijote

en el culo de una rana?…..

( Gritando)

¡¡¡ Pellizo , señoritingo!!!

¡¡¡ Vete a tomar ….. espinacas!!!

 

 

Leocadio Melchor Rodríguez

Diálogo entre dos viejos colegas

(La voz  va subiendo de tono según avanza la Trova)

 

Estamos en cualquier sitio

en cualquier lugar del mapa,

esquina de cualquier calle

cualquier día de la semana.

 

A  un lado un cine de barrio,

enfrente  está la farmacia.

Y un chiringuito  de churros

humo  y  olores derrama.

 

También hay ayuntamiento

con banderas desplegadas.

No se oyen coches ni motos

por lo que todo está en calma.

 

Una cagada de perro

en el centro de la plaza.

Dialogan los dos viejos,

con sus caras afeitadas.

Uno es alto y corpulento,

el otro planta esmirriada

con un perfil muy de pájaro

y brillándole la calva.

 

El alto porta buen porte

que le da un aire elegante

de caballero sin tacha.

 

Comienza primero el alto

con voz tranquila y pausada,

sentados están los dos,

en banco de piedra blanca.

 

– Te voy a contar mi vida

pues  me ha prescrito el doctor

que  la escriba y que la cuente

para sentirme mejor,

pues dice que si la guardas

se te pudre y es peor.

 

Es la terapia moderna,

pues al narrar tu dolor

parte de tu sufrimiento

pasa al interlocutor

y, al hacerlo así, compartes

y ya la pena es menor.

 

-¡Coño, pues tú te descargas

y jodes al oidor!.

 

-No hombre, no es así la cosa

pues el que escucha mejor

te alienta y te consuela

con su amable comprensión.

El  también goza ayudando

a compartir tu aflicción.

 

– ¡Ah!, pues vista así la cosa

me parece superior.

Sigue, sigue, compañero,

te escucho con atención.

 

-Yo no necesito nada.

Todos los días iguales.

Bendita monotonía

de la lluvia en los cristales.

 

– ¿Eso es de Lorca o Machado?

 

-Tú sí que estas, compañero

todo desequilibrado.

No se puede confundir

al bate de los gitanos

con el poeta profundo

de los campos castellanos.

 

¿Has leído muchos libros?

 

– He leído algo, muchacho,

no tantos como  tu lees

pues tu me ganas pensando.

Pero, en fin, eso no importa

sigue, sígueme contando.

 

– Pues sigo, con tu permiso,

¡Y no me interrumpas tanto!

 

Querido amigo, colega,

prosigo con mis andanzas.

Todos los días diarios

de pastillas tomo a palas.

 

Las tengo de mil colores.

Amarillas, coloradas,

verdes, con una rayita

que partirlas fácil haga.

 

Tengo alguna efervescente

de esas que mojan la cara.

También tengo otros potingues,

algunos para hacer gárgaras,

de esos que te recomiendan

que de ellos no tragues nada.

Pero eso indica el prospecto

aunque tragarlos…los tragas.

 

Luego te escuece la glotis

de manera exagerada

y vas corriendo hacía el grifo

pues tienes que beber agua.

 

¿Y de las gotas, qué digo?

E n los ojos” pa” las lágrimas.

En los oídos” pa”la cera

que los audífonos tapa.

 

Tengo pomadas divinas

para curar almorranas.

Pero ¡Oye!, que es milagroso

pues después ya no te rascas.

 

Tengo también un espray

para mejorar el asma,

pero a veces da unas toses

tan tremebundas y largas

que tu temes ahogarte

pues se cierra la garganta.

 

Pero el doctor Otorrino

y de una forma muy rápida

te manda tomar jarabe,

ya no sé ni de qué marca,

para evitar que el cogote

por dentro te reventara.

 

¡Dejo la botica al margen,

no quiero hacer propaganda!

Por la mañana, a las nueve,

a esa hora me levanto.

Pero la gragea verde

me la he tomado a las cuatro.

 

Pones el despertador

que casi no te hace falta

pues dormir, dormir no puedes

a esa hora solitaria,

pero cuando si te duermes

es hacia la madrugada.

 

Hay que seguir con rigor

lo que el galeno ha mandado

así podrás ser feliz

y cumplir doscientos años.

 

-Pues te interrumpo, colega,

yo de medicinas ando

escaso, pues ya no tomo

ni aspirinas, ni tabaco,

porque ya no fumo nada

desde aquel ictus malvado,

que me dejó todo chungo

una parte de este lado.

 

Solo hago un poco ejercicio,

pero todo controlado.

Aparte de este desliz

yo  me encuentro fuerte y sano.

 

Lo que tienes que hacer tú

es dejar al matasanos.

Mira, yo copio a Velázquez,

las Meninas, los Borrachos,

me sale todo igualito…

menos las caras y manos,

y eso con el brazo chungo

que casi ya está curado.

 

Y me he copiado el Quijote

todo enterito, calcado,

con un bolígrafo azul

en un cuaderno morado.

 

-No me seas fantasmón.

Dices copiar a Velázquez

y solo has ido tres días

al Centro donde das clase.

Y copias una estampita

con acuarelas de infante.

 

¡Venga ya! y no me provoques

con  consejos miserables.

Por cierto ¿Qué hora es?

en este preciso instante.

 

-Las doce y cinco minutos.

-¿De la mañana o la tarde?

-¡De la mañana, por Dios!

¿No ves el sol relumbrante?

 

-Es que me toca una píldora

pues lo apunto en almanaque,

se toma antes de comer

para asimilarla antes.

 

-¿No te la tomaste anoche,

un poco antes de acostarte?

Yo lo recuerdo muy bien,

me dijiste que cenaste

tarde porque fuiste al médico

y en casa te la tragaste.

 

-Es que, claro, aquí apuntado

tengo las doce, ¡mi madre!

pero es que hay doce dos veces

en el día ¿y cual me vale?.

 

-¡Tú sabrás! Mira la caja

a ver alguna que falte.

– Este caso no me sirve

pues otro día al tomarme

la leche de la pastilla

en la uña fue a engancharse,

tan pequeña  la jodía,

no la encontró ni su madre.

 

Mira vamos a dejar

que la gragea rodase,

¡Ya la encontrará la Santa!

que todos los días barre.

 

No es que me tiemble la mano,

no es eso, caro compadre,

es que por las cataratas

veo como si nevase

y al mirar a la pastilla

no la distingo al instante,

porque la veo borrosa

como algo que flotase.

Es un copito de nieve

balanceándose  en el aire.

 

-Ponte las gafas de ver,

que  pa eso las compraste.

 

-Es que, justo el otro día,

al ir a cruzar la calle

a la Santa le robaron

el monedero y las llaves,

que iban dentro con las gafas,

esas gafas que tu sabes.

 

-¡Es que, hijo, pones un circo

y los enanos son gigantes!

Tú, lo que tienes que hacer

es los ojos operarte,

y ya no verás la nieve

que te impide clarearte.

Así vives en tinieblas

y siempre a oscuras, compadre.

 

-Es que te cuento también

que mi problema es más grave.

El Urólogo me ha dicho

que la próstata no cabe

en su cubículo propio

pues su tamaño es más grande.

 

Mira tú como será

qué cuando orino en los bares

tardo tanto en salir fuera,

sospechoso  de drogarme,

el camarero del bar

entra  al servicio a buscarme.

 

Además tengo una hernia,

¿Por dónde empiezo a operarme?

 

-¡Chico! tu eres como el “pupas”….

¡No debes amilanarte!

Tienes que tomarlo a broma,

y reaccionar con coraje

que si no te da la “depre”

y te deja pal arrastre.

 

¡Tú eres fuerte, como un roble!

¡Has llevado vida sana!

No te tienes que quejar

¡Alegra, alegra esa cara!

 

-¡Coño! ¿Qué me quejo yo?

¡Si no me quejo de nada!

¿Qué estas inventando ahora….

que se te nota en la cara?

No te rías, no te rías

que siempre me estas buscándolas.

 

Te estoy contando mi vida

con  del doctor la terapia.

Pero tú así no compartes

mis penas, y mis palabras

te causan risitas tontas

que reflejas en la cara.

 

Tengo mil enfermedades….

y me han robado las gafas.

Y vienes con qué me quejo

como una niña mimada…

 

¡Que vayas a hacer puñetas

¿Te enteras, tío cascarrabias?

¡Este  melenas de mierda!

que quiere arreglar mi casa…

cuando la suya podrida

rezuma ponzoña y sarna.

 

¿Sabes que te digo, tío?

¡Que se acabó la terapia!

No me hace falta a mí  nadie

Porque me cuida mi Santa.

( Burlón)

¿Qué pintas todo igualito

menos  las manos y caras?

¿Qué te has copiado El Quijote

en el culo de una rana?…..

( Gritando)

¡¡¡ Pellizo , señoritingo!!!

¡¡¡ Vete a tomar ….. espinacas!!!

 

 

Leocadio Melchor Rodríguez